cultura

Las norias de Abarán dibujan un recorrido por la huerta y la historia del Segura

Las norias que siguen regando en Abarán permiten recorrer la vega del Segura y entender cómo el agua modeló sus cultivos y su historia. El itinerario también conduce al Teatro Cervantes y a la ermita de los Santos

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Las **norias de Abarán** vuelven a situar el **patrimonio hidráulico** de la vega del Segura en el escaparate turístico español. Un recorrido publicado este **12 de octubre** propone seguir las ruedas que aún riegan para descubrir, a la vez, el paisaje de huerta y varios edificios que explican la historia del municipio. Es una forma de acercarse a las norias distinta de la XIX Ruta de las Norias, la cita deportiva anunciada para el **25 de octubre**: aquí el interés está en observar cómo el agua hizo posible cultivar por encima del nivel de las acequias.

La publicación sitúa Abarán en el extremo norte del **Valle de Ricote**, entre las sierras áridas y el corredor de palmeras, frutales y tierras de cultivo abierto por el río. Desde ese paisaje se entiende la función de las ruedas: elevar el agua hasta parcelas a las que no llegaba por gravedad. La mayor de las que continúan regando alcanza casi **doce metros**, según el reportaje, que la presenta como la más grande de Europa entre las que mantienen ese uso.

Las norias de Abarán y el agua que sube a la huerta

El origen del conjunto que describe la fuente se remonta a un proyecto de hace algo más de **dos siglos**.

Aquella primera rueda buscaba llevar el agua del Segura a terrenos situados por encima de las acequias. Después llegaron otras de mayor tamaño. El resultado es un grupo de ruedas próximas entre sí, no una pieza aislada: esa cercanía permite leer sobre el terreno distintas soluciones a una misma necesidad agrícola.

Uno de los detalles más singulares del recorrido nace de la observación de los propios hortelanos. De una de las norias decían que «cojeaba». Según relata el reportaje, investigadores midieron posteriormente sus vueltas y comprobaron que aquella percepción tenía fundamento. La anécdota habla tanto del funcionamiento de la maquinaria como del conocimiento de quienes han trabajado durante años junto a ella.

La ruta no se agota, por tanto, en fotografiar una rueda. Seguir el agua obliga a mirar la posición de los cultivos, las terrazas formadas por el meandro y la relación entre el cauce y el casco urbano, levantado en calles estrechas y empinadas. Ese vínculo entre agricultura y paisaje es también una de las claves del atractivo turístico del Valle de Ricote.

Del casco antiguo al Teatro Cervantes

La visita continúa por una historia urbana que el reportaje remonta a **Fauaran**, una alquería andalusí de finales del siglo IX. En **1281**, el infante don Sancho, futuro Sancho IV de Castilla, prometió el lugar a la **Orden de Santiago**. La fuente recuerda asimismo la despoblación asociada a las guerras con el reino de Granada y la posterior llegada de familias musulmanas de Hellín, obligadas a bautizarse.

Aquella trayectoria da contexto a la referencia literaria que aparece en el **Teatro Cervantes**. El edificio, inaugurado en **1926**, incorpora sobre la boca del escenario un lienzo con el retrato del escritor y escenas de *Don Quijote*.

En la segunda parte de la novela figura Ricote, el morisco vecino de **Sancho Panza** que regresa disfrazado de peregrino. El teatro añade así otra parada al paseo, ligada a la memoria cultural del valle y al centenario del inmueble.

La ermita que mira hacia la vega

En uno de los puntos altos del pueblo se encuentra la **ermita de los Santos Médicos**, dedicada a **San Cosme y San Damián**, patronos de Abarán. La tradición los presenta como dos hermanos que ejercían la medicina sin cobrar. El lugar ya contaba con una capilla en el siglo XVI, aunque el edificio actual, de ladrillo visto y dos torres, fue levantado en **1953**.

Dentro se veneran tallas de los santos del siglo XVIII y las pechinas de la cúpula muestran episodios de su leyenda pintados por **Luis Molina**. Fuera, el balcón abre una vista sobre la vega que reúne visualmente lo visto durante el recorrido: río, huerta y pueblo. Esa continuidad del paisaje explica por qué la conversación sobre la protección patrimonial del Valle de Ricote va más allá de un monumento concreto.