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UMU y UPCT buscan recuperar la asistencia a clase con alertas, nuevos horarios y prácticas presenciales

La UMU prepara avisos para contactar con estudiantes desconectados y la UPCT refuerza las prácticas presenciales. Ambas universidades revisan horarios y espacios para recuperar la vida en las aulas.

Alumnos en el primer día de clase de este curso en el campus de Espinardo de la UMU. Javie

El **absentismo universitario en la Región de Murcia** ha llevado a las dos **universidades** públicas a revisar cómo organizan las clases y acompañan al alumnado. La **Universidad de Murcia (UMU)** prepara alertas para detectar a quienes se desconectan de sus estudios, mientras que la **Universidad Politécnica de Cartagena (UPCT)** apuesta por **prácticas presenciales** esenciales. Las medidas se plantean en un curso marcado también por dificultades como el acceso a la vivienda de alquiler en la Región.

Los responsables de ambas instituciones sitúan entre el **25 % y el 30 %** la proporción de estudiantes matriculados que no acuden regularmente a clase. No significa que todos hayan dejado la carrera: algunos seleccionan unas pocas sesiones y otros estudian los materiales por su cuenta para presentarse a los exámenes. Para centros concebidos como presenciales, esa forma de cursar los estudios afecta tanto a la docencia como a la actividad cotidiana de los campus.

Alertas ante la desconexión académica

La respuesta más definida de la **UMU** es un sistema de alerta temprana. Su objetivo no es actuar únicamente cuando alguien acumula ausencias, sino identificar señales más amplias de desvinculación: no entrar en el aula virtual, no asistir nunca o dejar de entregar trabajos. A partir de ahí, la **universidad** quiere ofrecer orientación y averiguar qué está dificultando la continuidad de los estudios.

El rector, **Samuel Baixauli**, plantea que ese contacto permita acompañar al **estudiante** y revisar cuestiones como los horarios antes de que termine por descolgarse. La distinción importa: faltar a **algunas** clases y perder por completo el contacto con una asignatura no son situaciones equivalentes. Por eso, la alerta se presenta como una vía para intervenir a tiempo y conocer el problema particular, no como una respuesta basada solo en contar ausencias.

La UMU también prevé programar determinadas sesiones de asistencia obligatoria con **incentivos académicos**. La propuesta busca que acudir tenga un valor claro dentro del aprendizaje y de la evaluación. Por ahora, la información difundida no concreta qué asignaturas incorporarán estas sesiones ni cómo se aplicarán esos incentivos; esos detalles corresponderán a la organización docente de cada enseñanza.

Prácticas que requieren estar en el aula

En la **UPCT**, el profesorado dispone desde hace dos cursos de la posibilidad de establecer como obligatoria la asistencia a determinadas prácticas. Su rector, **Mathieu Kessler**, defiende especialmente las actividades que no pueden sustituirse con apuntes o materiales digitales. Pone como ejemplo una práctica de explosión controlada para estudiantes de Ingeniería de Minas: presenciar y trabajar ese procedimiento forma parte de la formación técnica.

Las dos universidades comparten, además, la intención de revisar horarios que dejan largos huecos entre clases. Una jornada con dos horas libres entre sesiones puede complicar la permanencia en el campus, sobre todo para quien se desplaza desde otro municipio.

**Baixauli** y **Kessler** quieren mejorar también los espacios comunes para que esas horas puedan aprovecharse estudiando o trabajando en grupo.

La UPCT señala su **Casa del Estudiante** como ejemplo de espacio con actividad constante. La idea de fondo es que el campus ofrezca algo más que una sucesión de clases: lugares adecuados para permanecer, estudiar y participar en la vida universitaria. En paralelo, ambas instituciones plantean sesiones más interactivas y metodologías basadas en proyectos para dar a la presencia en el aula una utilidad que no se limite a escuchar contenidos disponibles en línea.

Vivienda, enseñanza digital y vida en los campus

Los rectores sitúan el problema en un **contexto** más amplio. La extensión de los materiales digitales y de la enseñanza semipresencial desde la pandemia cambió la manera de preparar las asignaturas; ahora se suma el uso generalizado de herramientas de inteligencia artificial. A ello se añaden las dificultades de alojamiento para estudiantes que no pueden residir en Murcia o **Cartagena**. El debate, por tanto, no se reduce a exigir asistencia: también obliga a examinar qué obstáculos encuentran los alumnos y qué aporta cada clase presencial.

La oferta formativa de la Región abarca etapas y enseñanzas distintas, pero en la universidad la organización del tiempo adquiere un peso especial porque el alumnado combina clases, prácticas y trabajo autónomo. Para quienes se desplazan a los campus, concentrar sesiones y disponer de espacios de estudio puede cambiar la experiencia diaria. La dimensión residencial también cuenta: la reducción de anuncios de alquiler permanente ya forma parte del contexto regional en el que se toman esas decisiones.